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jueves, 26 de abril de 2018

Grietas.

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:
– Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.

El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente:
– Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.
El aguador le dijo entonces:
– Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino?.

Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.



sábado, 22 de marzo de 2014

Hipatia

Fue la última científica pagana del mundo antiguo, y su muerte coincidió 
con los últimos años del Imperio romano. 
 
Ha llegado a simbolizar el fin de la ciencia antigua. 


Hipatia


—Va con cualquiera —decían, queriendo ensuciar su libertad.
—No parece mujer—decían, queriendo elogiar su inteligencia.
Pero numerosos profesores, magistrados, filósofos y políticos acudían desde lejos a la Escuela de Alejandría, para escuchar su palabra.
Hipatia estudiaba los enigmas que habían desafiado a Euclides y a Arquímedes, y hablaba contra la fe ciega, indigna del amor divino y del amor humano. Ella enseñaba a dudar y a preguntar. Y aconsejaba:
—Defiende tu derecho a pensar. Pensar equivocándote es mejor que no pensar.
¿Qué hacía esa mujer hereje dictando cátedra en una ciudad de machos cristianos?
La llamaban bruja y hechicera, la amenazaban de muerte.
Y un mediodía de marzo del año 415, el gentío se le echó encima. Y fue arrancada de su carruaje y desnudada y arrastrada por las calles y golpeada y acuchillada. Y en la plaza pública la hoguera se llevó lo que quedaba de ella.
—Se investigará —dijo el prefecto de Alejandría.

Eduardo Galeano


La leyenda de Hipatia de Alejandría nos muestra 

a una joven, virgen y bella, matemática y filósofa, cuya 
muerte violenta marca un punto de inflexión entre la 
cultura del razonamiento griego y el oscurantismo del 
mundo medieval. Pero éste es el mito; en realidad, se 
sabe muy poco de su vida, y de su obra se conoce sólo 
una pequeña parte, gracias a los escritos de algunos de 
sus discípulos. 

Es rememorada como una gran maestra y 
respetada por la trascendencia de sus conocimientos. Fue 
considerada como la mejor persona matemática viva del 
mundo greco-romano. 

Enseñó matemáticas, astronomía y filosofía, 
escribió diversos trabajos científicos, comentó las 
grandes obras de la matemática griega, construyó 
instrumentos científicos... 

Vivió durante la época del Imperio Romano en Alejandría, aunque por su formación 
podemos considerar que era griega, por la ubicación de Alejandría, egipcia y por la época, romana.



“Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar.” 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Un cuento y una imagen.

Un cuento y una imagen. Me gusta el estilo de Juan José Millás: lo suficientemente elegante para no resultar pedante y a la vez directo, crítico sin ser grosero ni caer en ese lenguaje soez que parece estar tan en boga. Hoy me quedo con uno de sus cuentos y con una estampa que creo que refleja de manera brillante lo que en aquél se dice. Se trata de la fotografía tomada por el brasileño Tuca Vieira tomada en la frontera entre la favela de Paraisópolis y el distrito de Morumbi, uno de los barrios más ricos de São Paulo, en Brasil. Él mismo reconoce en una entrevista que reflejar la desigualdad a través de la cámara no es una tarea sencilla; sin embargo en esta ocasión enseña al mundo ese muro que divide las ciudades: la brecha social que construye dos tipos de ciudadanos. Es la segregación urbana y espacial de los más pobres. 



 EJERCICIOS DE RETÓRICA
Vaya usted a la cocina de su casa, reúna un paquete de arroz, otro de harina, una bolsa de sal, una tarrina de mantequilla y una botella de leche. Observe durante un rato el conjunto y considere que ese torpe aliño alimentario sería un tesoro ahora mismo en Rusia, por ejemplo. Pero si a usted le da pereza reunir tantas cosas, abrir tantos armarios, ir de aquí para allá, tome de la nevera una botella de agua mineral e imagine la riqueza que su posesión significaría en algunos lugares de África. Resulta fácil pensarlo, pero comprenderlo es más arduo. Digamos la verdad: no hay manera de entenderlo, del mismo modo que no se puede concebir que las 225 personas más ricas del mundo posean tanta riqueza como el 47% del resto de la humanidad. Busque usted otro modo de expresarlo, si tiene la suerte de saber matemáticas, llegará en cualquier caso a la conclusión de que, se mire por donde se mire, el asunto es más bien salvaje. Tanto prevenirnos en la escuela de la ley de la selva y no era más que esto: que unos pocos vivan muy bien a costa de muchísimos que lo pasan fatal.


Lo toleramos porque no lo comprendemos. ¿Cómo explicar, si no, que haya policías que por un sueldo modesto defiendan un orden semejante? Y cuando hablo de policías me refiero también a los jueces y a los alcaldes y a los coroneles, y a los peritos industriales, por no mencionar a los creativos de publicidad y a los poetas de la experiencia. No se amontonen: también me incluyo yo. Si un servidor hubiera entendido de verdad lo que significa reunir sin esfuerzo, sobre la encimera, en cuestión de segundos, la riqueza mencionada al principio de este artículo, ya habría saltado por la ventana o me habría metido en la boca el tubo del gas.



Pero aquí estoy, ya ven, haciendo ejercicios de retórica con el arroz y la sal, la mantequilla y el aceite que no tienen en Rusia. Decía mi madre que con las cosas de comer no se juega, pero estaba equivocada la pobre, como en tantas otras cosas. Si con algo hemos acabado jugando es con las cosas de comer. El mundo es un Palé o un Monopoly, o quizá un Monopalé. Lo mejor, para ganar, es no entender sus reglas. El mundo va bien.