jueves, 7 de septiembre de 2017

Elegancia.


miércoles, 6 de septiembre de 2017

Septiembre.

No importa qué suspendiste. Da igual qué quedó pendiente antes del verano. Septiembre no hace preguntas. Tan sólo está ahí, esperando, por si necesitas volver a intentarlo. Septiembre siempre te acoge con una libreta en blanco, un lapicero afilado, un armario ordenado, un pañuelo limpio, una red de trapecista.
Qué más da si escapaste a la carrera, sin mirar atrás, sin despedirte. Qué importa si eres el hijo pródigo o cualquier otro prófugo. En agosto todos huimos de algo, de alguien, pero septiembre es el hogar donde siempre volvemos. El abrazo que te acoge, todavía excitado, aturdido, perezoso, infantil, contrariado y te devuelve un hilo de equilibrio. Mira tu brazo quemado. Comienza a despellejarse y no es una metáfora. Septiembre es una buena época para cambiar de piel, para hacer limpieza.
Dice un amigo que septiembre es el lunes de los meses. No lo sé. Quizá. A mí me reconforta regresar a la casilla de salida. Encontrar una disculpa para volver a, para cambiar de, retomar el, dejar de, descubrir el, dar la vuelta a. Intentarlo una segunda, tercera, cuarta oportunidad. Septiembre es la esperanza de poder volver a empezar.
Más que un mes, septiembre es una estación. Un apeadero, en tierra de nadie, con andén de llegada y salida. Final o comienzo. Nostalgia o estímulo. Es la actitud la que decide por nosotros. En realidad, septiembre es sólo un pretexto. Una artimaña infantil para empujarnos a dar un paso. Una quimera a la que algunos ilusos aún nos empeñamos en darle sentido.
Guille Viglione.


martes, 5 de septiembre de 2017

Sin embargo.

Te deseo a alguien
que no te diga lo guapa que eres
sino que te lo enseñe,
para que te lo aprendas
sin necesidad de repetírtelo.
Te deseo un poema sin adorno,
frases ridículas,
palabras llanas y simples,
para que entiendas que en el amor
poesía es lo que sale de su boca
y no lo que lees en los libros.
Te deseo un amante con el corazón roto
para que sepa entenderte
y para que respete tu tristeza
cuando haya humedades,
pero sobre todo
para que proteja los destrozos del tuyo
con el suyo
y cuando tiemblen
tener un sustento.
Te deseo un admirador del nudismo
para que vivas lo que es una mirada desmaquillada,
para que coloques los espejos al otro lado,
para que te lleve con los ojos
a amar tu cuerpo sobre todas las cosas,
para que respete tu belleza
y haga de tu silueta el mapa de su tesoro.
Te deseo a un fiel del mar
para que jamás detone las olas de tus lagrimales,
para que acepte que un día serás calma
y otro tempestad
y aun así decida volver a ti cada día,
para que no evite que te derrames,
para que lleve tu sabor en la piel
y mire dentro de ti aunque escueza.
Te deseo a un poeta
con toda mi pena
para que te condene en su egoísmo
a la eterna salvación,
para que te haga inmortal
cuando tengas ganas de morir,
para que la única bala que te dispare
cuando le abandones
-porque tú eres un pájaro atrapado en la nieve,
recuérdalo, amor mío-
sea la que detona una palabra,
para que cuando te sientas nadie
recuerdes que eres el olvido de alguien.
Te deseo a tantas personas
como amor quiero hacerte.
Yo, sin embargo,
solo te deseo a ti.

Elvira Sastre.


lunes, 4 de septiembre de 2017

Aprender a vivir.

¿Se puede realmente aprender a vivir, de modo que lo que quede, solo sea vivir?.
Por aprender a vivir quiero decir intuir la relación con todo lo que existe, la capacidad amorosa global-macro de la que estamos hechos, la comprensión-compasión-no ego, que nos permite relacionarnos con los demás y con las circunstancias, sabiendo que son pasajeros, y que sus actos incómodos, si los hay, son provocados por situaciones emocionales igualmente temporales, que sus fondos son normalmente dignos y confiables y solo están enredados en un “ahora” determinado. Una verdad que nos recuerda tanto la dimensión del enorme universo que nos rodea como la de los microcosmos que nos conforman. Esa verdad que es solo una y la misma, que te recuerda dibujando la vida, poco a poco, como si fueses un papel en blanco cuyo boceto puedes ir perfilando, contorneando su cintura tal cual un alfarero, con un poco más de sabiduría, un poco menos de egolatría, y en consecuencia, un poco más de saber quién soy y un poco menos de no escucharme. Así se hace la vida, así se elige uno un trabajo que le va gustando, o que acepta por ser lo “suficientemente satisfactorio” (expresión que utilizan los psicólogos y que me hace mucha gracia, por cierto). Así se crían hijos, hablándoles desde lo que sabes, y sabes muchas cosas, así se forman alumnos, así se pasea por la calle o el campo, o el pueblo… o por ti. Así se ama, porque si no es con amor, no merece la pena ni echarse un té (o cualquier otra cosa), por amor a la vida, cuando menos, a su belleza, a sus posibilidades que son las nuestras. Así es como se escribe y se compone, así como se guiñan los ojos al amigo.
La vida es la vida y es bella de por sí, y cuando se nos brinda en cueros o toma con nosotros café, para cuando no. La vida está en nuestros ojos, en nuestro saber.

Altea (Buscando a Sofía)


domingo, 3 de septiembre de 2017

Pobreza.

LA POBREZA NUNCA SE VE. Se esconde bajo un amargo pañuelo de impotencia, vergüenza y miedo. Qué dirán, qué pensarán, qué será de nuestra vida. Desde el barco nunca se ve a quienes caen al agua sin saber nadar, pero están ahí. Siguen hundiéndose hacia el fondo. Podremos desviar la vista al horizonte, hacer como que no los vimos, arriar las velas y dejarlos allí. Pero sus ojos desesperados seguirán bajo el agua, esperando la mano que nunca quisimos darles.
LA POBREZA NO SE PUEDE VER. Hemos creído erróneamente que son pobres el mendigo o quien muere de hambre en un campo de refugiados. Pero es que ellos dejaron de ser pobres, desgraciadamente, ni siquiera llegan a eso. Es que ya no tienen NADA. Comparar nuestra situación con la de ellos además de inútil e insensible, sólo sirve para invisibilizar aún más a quienes aquí lo sufren. Y es, además, el juego más antiguo y utilizado por los amos del mundo para que la gente no se cuestione su falta de derechos: “No te quejes por cobrar 600€ echando 10 horas, piensa en los que no tienen trabajo”. “Si no puedes pagar la luz no te quejes, piensa en quienes nunca tienen”. “Esclavo, no te quejes tanto por un latigazo. Mira a quienes les dan 10”. Es una discusión fácil, artificial, ganada de antemano. Siempre va a haber gente que esté peor que nosotros. Así, mirando siempre hacia abajo conseguirán su objetivo: Que nunca miremos hacia arriba.
La pobreza habita en esa vieja casa donde una pareja de ancianos con 600€ de paga, aloja y alimenta a una familia de 7. Se oculta bajo el polvo de esos cajones de la tienda, con cientos de currículos de jóvenes universitarios cuya última frase era “trabajar de lo que sea”. Ese mismo chándal viejo y sucio del niño que se sienta en clase al lado de tu hija. Esas gafas que necesito pero que no me puedo comprar. Los niños mojándose en la parada del autobús escolar sin marquesinas, o esperando un comedor para su colegio. El invierno con paño de estufa sin estufa. Ese hombre alcoholizado en la esquina del barrio, que trata de vender una caja de chocos sorteándola con la baraja de cartas, para seguir tragando con vino el dolor de la pescadería que perdió. El bocadillo de mortadela de la marca más barata que haya. Póngame 10€ de gasolina para el coche. Señor, una moneda por favor. SE TRASPASA. OFERTAS POR LIQUIDACIÓN. Abuelo, ¿has cobrado ya? Dicen que mañana van a echar a dos más en la empresa. Hija, ¿hace frío allí en Berlín? Abrígate.
Y luego, la economía sumergida. La historia legendaria del que cobra el paro con un Mercedes, o el que se hizo millonario haciendo chapuces sin declarar, suele estar entre los grandes éxitos del cuñadismo radical. El argumento irrebatible que hará aflorar la riqueza consiste en confiscarle la caja de chocos al que la vende con la baraja. “El defraudador de la baraja” lo titularán con foto a todo color en los Diarios. Pero eso, queridos e ilustres jueces de la hacienda pública, no es hacer “aflorar la riqueza sumergida”, sino más bien la “pobreza sumergida”. La riqueza que de verdad se evade no está en el camarero que curra 10 horas con sólo 4 en la nómina, sino en el trepa que le contrata sin seguro. El dinero no lo tiñe de negro quien lo cobra, sino quien lo paga. No conozco a nadie que diga ser feliz trabajando sin asegurar ni poder cotizar. Pero, desgraciadamente, es lo que hay. Con 400 Euros de paro, hijos, hipoteca, luz, agua e IBI, quienes pillan 200 o 300€ de donde pueden, antes que evasores son SUPERVIVIENTES. Y que conste que odio y condeno el fraude fiscal. Pero en la cola de los defraudadores espero ver el último al de la caja de chocos, y encabezándola, a todos esos españoles muy españoles, que tributan en Islas Caimán o en Gibraltar para negarle la pasta que les sobra, a la Sanidad y la Educación que mata la pobreza de sus compatriotas.
El consumismo ha conseguido perpetuar un ficticio estado de bienestar, que no se basa en derechos y servicios sociales como antaño, sino en la ley del mercado y de la selva, donde la banca siempre gana y nunca pierde. Una droga blanda que ha calado hasta el punto de hacer creer a la gente, que ir a supermercados, abarrotar tiendas de ropa o comprar móviles con cámara era el indicador más fiable de nuestra riqueza. La clase media.
LA POBREZA NO SE QUIERE VER. Avergüenza no sólo a sus espectadores a salvo, sino a sus incautas y potenciales víctimas. Pocos aceptan que un día pueden ser pobres. La mayoria, no es consciente si quiera de que lo es. Se oculta a la sombra de un sistema que la convirtió en una visión desagradable para quienes creyeron no padecerla. “Limpia Madrid”, grafiteaban en la pared los NeoFascistas en aquel Madrid de los 90 cuando quemaban mendigos en plena calle. Como en el genial “Plácido” de Berlanga: vistan mejor a esos pobres, por favor, que quedan fatal en el encuadre a cámara. Ensuciarán las maravillosas puestas de sol y robarán plano a esos deliciosos langostinos de Sanlúcar que muy pocos sanluqueños pueden permitirse comprar. Más arena para tapar los aliviaderos y más limpieza en las calles del centro para que salgan relucientes en Facebook y en Youtube.
Da igual, no se limpien las gafas para buscarla por la calle ahora. Dejen de torturar las estadísticas y de contar el cuento de su vecino, el que va al INEM en un Audi A6. No servirá de nada que se operen de cataratas, que se pongan lentillas o usen telescopios o microscopios.


La pobreza no se ve con los ojos, sino con el corazón.

Francisco Oliva.



sábado, 2 de septiembre de 2017

La vida hay que reírla.

La vida hay que reírla [...]. Pongo el ejemplo de la risa porque la risa solo funciona en presente. La risa se vive en el acto. Ni nadie trabaja hoy para reír mañana, ni nadie se ríe hoy para que le suceda algo aún más divertido la semana que viene. La risa es el presente perfecto.
Lea Vélez.




viernes, 1 de septiembre de 2017

El progreso.



¿Un camino que no admite pararse ni desandar lo andado? Cualquier ser racional lo llamaría una trampa. Nosotros lo consideramos “progreso”.


Jorge Riechmann.