jueves, 25 de junio de 2015

Solipsismo.

La palabra solipsismo procede de dos vocablos latinos: solus e ipse, que significan “sólo uno mismo”. Por lo tanto, el solipsismo es la creencia de que sólo existe uno mismo, es decir, mi propia mente, con sus ideas y sus representaciones. Tomas Vinci lo define como la “doctrina que afirma la existencia de una perspectiva en primera persona que posee características privilegiadas e irreducibles, que suponen distintos tipos de aislamiento con respecto a cualesquiera otras personas o cosas externas que puedan existir”.


El solipsismo se deriva del escepticismo, que parte de dudar de la certeza de las creencias y del alcance del conocimiento; así como del idealismo, que se basa en la suposición de que son las ideas la auténtica realidad del mundo; conocer dicha realidad sólo es posible si conocemos los actos de nuestra conciencia. Seguramente mejor lo expresa Ferrater Mora: El idealismo subjetivo gnoseológico, que reduce todos los objetos, como objetos de conocimiento, a contenidos de conciencia, y el idealismo metafísico, que niega la existencia o, mejor dicho, la subsistencia, del mundo externo, conducen al solipsismo”.


Hay algunas variantes del mismo. A veces se dice que los referentes o significados de las palabras son entidades mentales a los cuales sólo tiene acceso el usuario del lenguaje. Esto sería el solipsismo semántico. Para Thomas Nagel, por otro lado, que sostiene un solipsismo empático, es imposible entender precisa y adecuadamente la experiencia de seres sintientes que no seamos nosotros mismos, por lo que siempre estaremos realmente aislados de los demás, por mucho contacto social que tengamos… una tesis un poco deprimente. El solipsismo ontológico es la formulación radical de esta postura, que ya hemos mencionado y que en sus formas más extremas llega a decir que “lo único de lo que puede decirse significativamente que exista es de nosotros mismos o de nuestros estados mentales.


El Hermitaño (Apuntes de Filosofía)





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