miércoles, 14 de marzo de 2018

La opinocracia.

La opinocracia es el régimen en que todos se creen con derecho a tener razón, sin considerar que tal derecho (como el que se tiene a emitir sentencias o recetar pastillas) va ligado al conocimiento y la responsabilidad para ejercerlo. Este moderno prurito anti-intelectualista (según el cual tener razón es como tener pelo o bazo –no hace falta hacer nada–) le viene de perlas al poder. Cuanto más ignorante de su ignorancia sea la gente más manipulable es. Tal vez por eso no interesa que el sistema educativo garantice la formación ética y filosófica, esto es, aquella que enseña a usar correctamente la razón en (entre otras cosas) asuntos morales y políticos. Sin esa formación el debate público se vuelve estéril (aunque entretenido), algo muy conveniente para democracias que lo son solo de boquilla.
Aprender a razonar no es cosa de un día. Ni basta con estudiar filosofía o retórica. Hace falta, además, mucha práctica. Y no dejar pasar ni una. Algo nada fácil. No sé quien dijo que en este país cuando alguien dice «yo opino» lo importante es el «yo», y no el «opino», de manera que quien cuestiona lo que opina fulanito está cuestionando... ¡A fulanito mismo! De ahí que fulanito se aplique obstinadamente a defender su honor y se olvide por completo del objetivo del diálogo: buscar, como decía Machado, la verdad juntos. Persistamos en esa búsqueda. La razón y el bien común –la democracia misma– así lo exigen.

Victor Bermúdez.





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